Fresas para la Piel

Sí… para tu piel, y es que las fresas a parte de de ser un delicioso postre y tener un aroma tan rico, tienen una cantidad de propiedades increíbles para la piel. Y es que estamos en temporada de fresas y hay que aprovechar todas las cualidades que este fruto nos proporciona para la piel.

Las cualidades de la fresa, no sólo se limitan a un aspecto interno de nuestro organismo, es excelente para el tratamiento del acné y de las arrugas. En el primer caso, el fruto en mascarilla sirve como un astringente que elimina el exceso de impurezas, además de que exfolia la piel.

Por la vitamina C y los fenólicos que la integran, es un tratamiento natural para la prevención de arrugas y marcas de expresión.

La fresa tiene propiedades anti inflamatorias que pueden ayudar a atenuar visiblemente las ojeras y las molestas bolsas alrededor de los ojos. Para ello, solo tienes que colocar rodajas frescas de fresas en las áreas afectadas y dejarlas actuar durante 10 minutos. Cuanto más frías estén las fresas mejor.

El ácido salicílico de las fresas ayuda a eliminar las células muertas de la piel, dejándola suave e hidratada, ademas es un aclarante natural, por lo que después de un uso regular, notarás cómo desapareces las manchitas de la piel. Combinadas con miel o aceite de oliva forman una mascarilla suave que dejara tu piel brillante e hidratada.

Las fresas también protegen contra los rayos ultravioleta, los pigmentos que le dan su característico color rojo filtran los rayos nocivos para la piel, reduciendo el riesgo de cáncer así como otros trastornos de la piel.

Se puede aplicar de muy distintas maneras, pero, personalmente a mi me gusta cortar una fresa por la mitad y masajear con ella el rostro, cuello y escote, actúa como exfoliante y deja un olor riquísimo… después de unos 10-15 minutos masajeando dejo los trozos en la zona de los ojos durante otros 10 minutos para después enjuagarme con agua tibia… Te aseguro que si lo pruebas, repites…

Parabenos

Los parabenos son conservantes químicos que se encuentran en una variedad de productos como champús, acondicionadores de pelo, lociones, perfumes, desodorantes, cremas e incluso producto específicos para pieles sensibles…

Han sido usados tradicionalmente para evitar la proliferación de bacterias y hongos.

Los parabenos son en realidad varias substancias, pero los más comunes aparecen en las etiquetas normalmente como butylparabeno, methylparabeno, propylparabeno.

Pero desde hace varios años han sido objeto de una amplia controversia por parte de investigadores que vinculan estas sustancias a problemas reproductivos y de orden endocrino.

En 2004, la investigadora británica Philippa Darbre, lideró una investigación que encontró muestras de esta sustancia en 18 tumores malignos de mamas.

Los críticos señalan que la presencia de esa sustancia no implica que hayan causado cáncer.

Sin embargo, las voces que piden la prohibición total de estos productos han crecido en los últimos años. En algunos países como Francia fueron prohibidos totalmente, mientras que en otros como Dinamarca se proscribieron algunos de ellos.

La Unión Europea prohibió uno de ellos, el butylparabeno, y ha restringido el uso de los otros.

Si quiere estar seguro, lo mejor es usar productos libres de parabenos. Hay que destacar que cada vez son mayor el número de marcas que se ha lanzado a la aventura de sacar productos libres de parabenos, cosa que nuestra salud, sin duda, agradecerá.

“Fuente bbc.com”

Crema de Oliva, Aloe y Monoi

El aloe vera es desde siempre conocido por sus múltiple propiedades Es un calmante tópico, antiinflamatorio, regenerador, cicatrizante… Y así podría continuar hasta llenar varios folios con sus propiedades. La planta de aloe vera es originaria del norte de África, pero su cultivo se ha generalizado y hoy en día es conocida en todo el mundo. Las hojas de esta planta son carnosas y su interior contiene un excelente gel que es utilizado para el tratamiento de muchos problemas de salud y, como lo mencionamos anteriormente, se recomienda especialmente para problemas de la piel como quemaduras, heridas y picaduras de insectos. Es conocida como “la planta de la inmortalidad” en el antiguo egipcio , también se le ha llamado la “planta biblica” por la de veces que se menciona en el Antiguo como en el nuevo testamento, se relata que Nicodemo utilizó una mezcla de Aloe y mirra para embalsamar a Jesús.
Por otro lado el aceite de oliva es una fuente de vitaminas E y K, lo que lo hace un gran aliado en la lucha contra el envejecimiento, hidratando y protegiendo nuestra piel.
Por último el aceite de Monoi  impide la deshidratación de la piel, actúa como un auto bronceador natural, y aporta una luminosidad y elasticidad a la piel increíbles, no en vano lo llama “La Belleza de las Tahitianas”
La textura de esta crema es suave, la hago totalmente a mano, batiendo, hasta conseguir la textura deseada. Como único aditivo lleva Tocoferol, o Vitamina E, un conservante natural que a su vez actúa como antioxidante.

Jabón de Castilla – Vamos a empezar por lo básico

Es la base de todos mis jabones. Elaborado con aceite de oliva virgen extra de primerísima calidad, no contiene colorantes, conservantes, aromas, o cualquier tipo de tensioactivo.
La leyenda cuenta que el jabón fue descubierto accidentalmente en Roma, por un grupo de mujeres que lavaba la ropa a orillas del río Tíber a los pies de la colina del Monte Sapo, en dicho monte se efectuaban sacrificios de animales y los restos de la grasa animal mezclados con la ceniza y otros restos vegetales que, al llover eran arrastrados monte abajo, acababan en el río, donde las lavanderas observaron que la ropa quedaba más limpia al frotarla con la mezcla. Los egipcios utilizaban un producto jabonoso que consistía en una mezcla de agua, aceite y ceras vegetales o animales, fórmula que fue utilizada también por griegos y romanos. Los romanos usaban un jabón que obtenían combinando sebo de cabra, buey o carnero con una mezcla de cenizas y agua (potasa). El resultado era una pasta que, además de para la higiene, se aplicaba como ungüento para fines terapéuticos. Los musulmanes ya preparaban jabones duros utilizando aceite de oliva. En el siglo VII , gracias a la abundancia de aceite de oliva y la sosa natural y al comercio marítimo, la industria jabonera tuvo un gran desarrollo en la costa mediterránea, especialmente en Alicante , Cartagena , Savona (de ahí el nombre de “jabón”), Venecia, Génova y Trípoli. Es aquí cuando nace el JABÓN DE CASTILLA.
Contrariamente a los métodos de producción de jabón de los países nórdicos, en los que se usaba grasa o sebo animal como principal ingrediente, en la zona de Castilla existía abundancia de cultivos y prensado de aceite de Oliva y muy pronto se descubrió que este importante ingrediente producía un jabón de una calidad muy superior. Posee propiedades hipoalergénicas, antisépticas, antibacterianas, regeneradoras. Deja la piel suave e hidratada ayudando a retener la humedad al mismo tiempo que la nutre y protege. Suministra protección para todo tipo de pieles, especialmente las secas y sensibles.

¿Cómo se hace el jabón?

Los jabones se preparan por medio de una de las reacciones químicas más conocidas: la llamada saponificación de aceites y grasas. Los aceites vegetales, como el aceite de coco o de olivo, y las grasas animales, como el sebo, son ésteres de glicerina con ácidos grasos. Por eso cuando son tratados con una base fuerte como sosa o potasa se saponifican, es decir producen la sal del ácido graso conocida como jabón y liberan glicerina. En el caso de que la saponificación se efectúe con sosa, se obtendrán los jabones de sodio, que son sólidos y ampliamente usados en el hogar. En caso de hacerlo con potasa, se obtendrán jabones de potasio, que tienen consistencia líquida.
Se entiende por saponificación la reacción que produce la formación de jabones.
La reacción típica es:
ÁCIDOS GRASOS + SOLUCIÓN ALCALINA = JABÓN + GLICERINA

 

Así es como al mezclar los ácidos grasos (principales componentes de las grasas animales y de los aceites vegetales) con una solución alcalina (hecha a partir de una mezcla de agua y un álcali, como por ejemplo la sosa),se obtiene el jabón (que será realmente suave, porque además el otro subproducto que se obtiene de esta reacción es la glicerina).
El álcali es imprescindible para que se produzca esa reacción, pero hay que tener en cuenta que por sí solo es un elemento cáustico muy peligroso, cuyo manejo implica tomar una serie de precauciones muy importantes para manipularlo con seguridad. La sosa es corrosiva, lo que implica la utilización de unas medidas de seguridad adecuadas, bata, gafas protectoras y guantes… y por supuesto un ambiente ventilado para no terminar intoxicados por los gases que se generan en la disolución de la sosa en agua, que por cierto… al disolverse el álcali en agua, ésta se caliente, llegando a ebullir según la concentración. Los álcalis más utilizados en la fabricación del jabón son la sosa (hidróxido sódico, NaOH) y la potasa (hidróxido potásico, KOH).

Por eso, es necesario tener mucha experiencia y unos conocimientos muy amplios sobre los álcalis y sus reacciones químicas, para proceder a realizar una saponificación que ofrezca totales garantías de que el producto final obtenido no entrañe riesgo alguno para la piel.

 

Esto no significa que la saponificación sea un proceso terriblemente peligroso, sino más bien muy delicado de realizar: Así, por ejemplo, si en la reacción anterior hay un exceso de sosa, el producto resultante será una masa cáustica inservible; mientras que si por el contrario, la cantidad de sosa es insuficiente, el producto resultante será una mezcla grumosa de aceites, que en nada se parecerá tampoco al jabón.

Es por eso que para realizar un buen jabón, perfectamente saponificado, y con unas excelentes cualidades limpiadoras y emolientes, aparte de una gran experiencia y conocimientos de la saponificación, se necesita conocer también una serie de tablas con parámetros y proporciones muy concretas de cada uno de los elementos que constituyen la reacción, así como su correcta formulación.

Por último es necesario añadir que la reacción de saponificación no termina cuando se pone en los moldes, los jabones deben madurar en un sitio fresco y seco durante al menos 6 semanas, para asegurar que la reacción ha finalizado en su totalidad, y el producto es apto para el consumo.